Un niño emocionalmente perturbado aprende poco y no rinde demasiado.
Los niños con problemas emocionales tienen con mayor frecuencia y en
forma más severa dificultades con la percepción y el aprendizaje.
La madurez para el aprendizaje escolar depende de la maduración de la
percepción y de la capacidad para analizar e integrar lo que ha sido
percibido.
Los problemas visuales que no se detectan también son un impedimento
para el aprendizaje, lo mismo que las dificultades auditivas o el hecho
de haber padecido enfermedades graves o prolongadas.
Más que una reeducación, un niño se beneficia más con la orientación
psicológica de sus padres y una breve psicoterapia. No significa que la
reeducación sea innecesaria sólo que ésta intenta la nivelación con una
atención más esmerada y personal sin tener en cuenta las causas de los
problemas de aprendizaje.
Los grados de recuperación son recomendables y no significa que el
niño permanecerá en un nivel inferior a sus capacidades. Por el
contrario, se beneficiará con un contacto más estrecho con la maestra,
que tendrá a su cargo menos niños, y podrá nivelarse en poco tiempo si
además los factores que lo perturban también mejoran.
Unas pocas entrevistas con los padres disminuirán la presión que
éstos suelen ejercer sobre el niño y propiciará una mejor actitud de ese
niño en la escuela; y a medida que mejore su estado emocional con
relación a su familia y aumente su atención en clase, tenderá a mejorar
su rendimiento; porque un niño que se siente querido y apreciado se
esfuerza por complacer a sus padres y a sus maestros.
Los niños de zonas carenciales, se desarrollan en un medio donde no
se valora lo suficiente el rendimiento escolar y aunque su capacidad sea
normal van a mostrar un retraso para aprender, pueden volverse
agresivos y tener serios trastornos de conducta.
La motivación adecuada, la buena alimentación y la oportunidad para
un crecimiento intelectual sólo podrán concretarse cambiando la
situación en que viven; y solamente un programa que integre todos los
factores necesarios para un correcto desarrollo puede salvarlos de la
postergación y de la exclusión.
Las funciones mentales superiores de un niño rara vez maduran al
mismo tiempo, puede tener una maduración normal viso motora pero tener
otras actitudes aún inmaduras para su edad que no le permiten prestar
atención y aprender.
Cuando un niño presenta una lesión cerebral, esto significa que una
parte del tejido nervioso cerebral está destruido. Sin embargo, el
cerebro humano tiene una capacidad asombrosa de compensar las
disfunciones debidas a lesiones.
Cuando un área del cerebro es dañada, en forma gradual se reorganizan
los procesos cerebrales que hacen que otras partes del cerebro asuman
las funciones del área afectada, con excepción de algunos centros
específicos como la visión, la audición, el lenguaje, etc.
Muchos niños lesionados aprenden a compensar adecuadamente su déficit
perceptivo si la lesión no es muy grande, si tiene la capacidad
intelectual para aprender a resolver problemas de diferentes formas, si
no tienen problemas emocionales derivados de su lesión cerebral o de
una situación familiar conflictiva.
Muchos niños lesionados tienen una conducta compulsiva perfeccionista
como defensa contra su impulsividad para compensar su déficit en su
percepción viso motora, que puede afectar su rendimiento.
Un niño inmaduro para el aprendizaje debido a una lesión cerebral,
tiende a madurar de la misma forma que un niño normal, sólo que su
desarrollo será más lento; y aún si su percepción esté muy perturbada,
tenderá a nivelarse con el tiempo.
El tiempo de maduración dependerá del grado de la lesión, de su edad,
de su capacidad intelectual y de su estado emocional y social.
En este sentido, muchos subestiman la creciente capacidad de un niño
para superar sus limitaciones neurológicas y se desalientan con el
transcurso del tiempo, pero el paso del tiempo también es un elemento
que influye en la maduración y nivelación intelectual de estos niños.
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