lunes, 30 de enero de 2012

SENTIMIENTOS DEL NIÑO HIPERACTIVO

Pero no todos los niños vivarachos son hiperactivos en un sentido patológico. En cierta ocasión me escribió una madre: «Cuando estuve esperando a mi hijo y aún durante su primer año estaba segura que sería una buena madre para él. Me gustan los niños y pensaba que sabría tratarlos. Pero ya no sé si quiero a mi hijo o no. Me siento totalmente frustrada. Va a cumplir tres años y no está quieto ni un minuto. Me saca la ropa de los armarios, ya ha roto infinidad de cosas, se apodera de los cacharros de la cocina y hace un ruido infernal con ellos. Cuando le saco a la calle no quiere ir sentado en su sillita, pero tampoco cogido de la mano: o se deja arrastrar o se suelta, con el peligro de que le pille un coche. Vivimos en una habitación realquilada y tenemos muy poco espacio. No puedo dejarle que haga lo que quiera. La dueña viene a menudo a pasar un rato conmigo y no puedo ofrecerle el aspecto de una habitación descuidada…».
Este niño se portaba más o menos igual que todos lo niños de su edad. Todas las actividades que enumeraba su madre eran las normales en un niño despierto e inteligente que busca su independencia. Todos los niños de tres años tocan las cosas de la casa y todos se aburren si tienen que ir de paseo sentados o cogidos de la mano. Pero la angustiosa situación de vivir en un espacio reducido, donde las cosas que se rompen posiblemtente no sean las propias y donde la madre tiene la desesperada necesidad de ofrecer una imagen de «decencia» a los escudriñadores ojos de la dueña, le hace ver la actividad normal de su hijo como una insoportable hiperactividad. En casos así la única solución sería proporcionar a la pobre señora una vivienda en las mínimas condiciones.

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