jueves, 30 de septiembre de 2010

JUEGOS PARA NENAS O NENES


Aún hoy se sigue planteando en algunos hogares la vieja división: hay juegos para varoncitos y juegos para nenitas. A los nenes les corresponderían los autos y camiones, las pelotas, los juegos bruscos, los deportes violentos…, mientras que a las nenas nada mejor que regalarles una muñeca, un jueguito de té o una cocinita.
Detrás de esta tajante discriminación se esconde la preocupación porque un juego determinado pueda desviar la identidad sexual de nuestros hijos. Sin embargo, la experiencia demuestra que tal temor es injustificado.
Un varoncito pequeño que demuestra interés y placer por jugar con una muñeca no corre ningún riesgo de convertirse en un “afeminado”, ni la nena que se entusiasma con los autitos de carrera o disfruta trepando a los árboles está destinada a ser una “marimacho”.Son los adultos quienes, al proyectar sus prejuicios sobre los niños, establecen diferencias y temores. Los chicos no hacen sino lo que ya se dijo: conocer, investigar, descubrir.
Por otra parte, la identidad sexual no depende de un juego; deriva fundamentalmente de una buena identificación con el padre del mismo sexo. Dicho de otro modo, el hijo varón se sentirá seguro de su masculinidad cuando ame a un padre por el que, a su vez, se sienta amado. Y lo mismo sucede con las nenas, que desarrollarán el anhelo de ser mujer siempre que se sientan amadas y aprobadas por una madre que disfruta de su rol femenino.
Cuando un varón juega a cocinar con su hermanita, o cuando una nena se deleita pateando una pelota con el vecinito, están dando una bella visión de otra sociedad posible. Una sociedad menos rígida en los roles que les destina a sus miembros, una sociedad menos atada al prejuicio y a la discriminación. Sin tanta tontería puesta en diferenciar lo que es “propio” de un hombre y una mujer, los varones tendrían menos miedo de que los llamaran mariquitas, y las mujeres se confundirían menos en estos tiempos cuando muchas deben, a la fuerza, trabajar fuera de casa para completar el presupuesto.
Ellos serían más tiernos y ellas menos dependientes. Mientras tanto, no perdamos de vista que todo esto anida en la aparente sencillez de los juegos infantiles. Y volvamos al principio. Miremos a ese chico: está jugando, simplemente. Tal vez ahora nuestra mirada haya cambiado. Aprendamos de él y, sobre todo, respetemos su juego.

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