sábado, 7 de mayo de 2011

CONSEJOS PARA ENSEÑAR MODALES


Si no comenzamos desde el principio a enseñar a los niños a ser bien educados, correremos el riesgo de que no aprendan nunca.

A los dos años un niño dirá «por favor» y «gracias» sin saber muy bien por qué, simplemente para imitarnos. También pueden empezar a decir «perdón», «buenos días» y «buenas noches». Esas fórmulas usadas en casa le introducen en un saludable clima de delicadeza y respeto. Las usarán si sus padres las utilizan con él.
Podemos hacer que extienda esos buenos modos. Corresponder al saludo del vecino en el ascensor, no subirse encima de las visitas, no interrumpir constantemente las conversaciones, no chillar...
No es bueno agobiarle con reglas («no hables con la boca llena», «quita el codo de la mesa»), porque le falta madurez para seguirlas.
No podemos exigirle que permanezca sentado mucho rato seguido.
Hay que ser indulgentes. A los dos años pueden negarse a dar un beso a la abuelita, y hay que ser comprensivos. Podemos animarles a saludar y a ser afectuosos, pero su autocontrol aún es deficiente y pueden mostrarse tímidos o cabezotas incluso con parientes o personas conocidas.
En cuestión de modales no caben las regañinas. Basta con decirle al niño lo que esperamos de él y lo que no nos gusta. El truco para que sigan avanzando poco a poco consiste en animarles, hacerles ver que nos gustan sus progresos y explicarles por qué.

¿Qué deberían hacer los padres?

Darles caricias y cariño expresado de todas las maneras posibles. Cuantas más y cuanto más, mejor. Las muestras de amor son tan necesarias como la comida, el aire o el agua.
No escatimar en elogios y alabanzas. Los necesitan como estímulo para su desarrollo y para construir su autoestima.
Explicarles el motivo de nuestras órdenes y prohibiciones, aunque no las acepten o no las entiendan. No hay que entrar en discusiones interminables.
Deberíamos:
Pedirles las cosas «por favor» y darles las gracias.
Permitir su inquietud, tan normal a esta edad, su espontaneidad, su iniciativa. Respetar su dignidad de personas, respetarles con mayúscula. Incluso comprender sus brotes de mal genio (sin que esto implique tolerar agresiones).
Acondicionar la casa para que en ella pueda vivir un niño pequeño, pueda jugar y expansionarse y no haya que estar continuamente prohibiéndole cosas.

¿Y si se portan mal?

A esta edad no proceden los castigos, y por supuesto hay que desterrar los azotes y, en lo posible, los gritos. Estos son algunos procedimientos para cuando se «portan mal».

El rincón. Consiste en apartar al niño del lugar y explicarle que lo que ha hecho no es correcto, cuando no es la primera vez y ya le hemos advertido. Se le hace permanecer un par de minutos en un rincón (que no sea oscuro ni amenazante, incluso puede estar sentado). Luego permitimos que se reconcilie.

Puede parecernos poca cosa, pero al niño le impresiona, es eficaz y a nosotros nos da una posibilidad de acción mejor que los gritos, azotes y amenazas, precisamente cuando «no sabemos qué hacer».

Retirar la atención. Imaginemos que nos muerde o nos da un buen tirón de pelo. Le decimos que eso no se hace, le damos la espalda y nos «desentendemos» de él un rato. Al poco tiempo volvemos con él. Resulta muy eficaz.

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